YASUNI, una visión personal

Impresionada por cómo aparece Yasuní en los telenoticias me decido a escribir estas reflexiones que son sentimientos.

Hace 25 años con Francesc y un grupo de amigos hicimos un largo viaje por Ecuador. Era el primer viaje serio en el que llevaba la parábola(enorme, pesada y aparatosa) y grabadora. Nuestro principal objetivo era adentrarnos en el “Oriente” y especialmente en el Parque Nacional de Yasuní, un nombre ya mítico de por sí. Antes de viajar tuvimos que visitar las oficinas del gobierno. Un funcionario además de cobrarnos unos buenos dólares, una cantidad desorbitada en el contexto de Ecuador a mediados de los 80, nos detalló todo el periplo que nos esperaba, básicamente la obtención de permisos del Ejército y la ruta de lugares donde teníamos que presentarnos durante el trayecto. Cuando en un momento de respiro pudimos preguntarle sobre la conservación de Yasuní, nos  contestó “Yasuní tiene protección, se protege solo… digamos que es natural”. Sí, eso era una protección natural, quien iba a ir hasta allá? y como?

Pues eso, el siguiente reto sería llegar. No viene a cuento detallar el periplo para llegar en el que se entremezclan recuerdos de soldados, barqueros y sobretodo de misioneros españoles creo que capuchinos. Todo el mundo coincidía en que fuéramos a verles ya que disponían de buenos botes y pangas y que viajaban con facilidad hasta Nuevo Rocafuerte y más allá, donde los auquitas. Nuestros contactos con los capuchinos a medio camino fueron realmente desastrosos. Ellos no iban ya nunca hasta allá. Hay que comentar que justo un año antes se produjo un hecho impactante. Un obispo español, Monseñor Labaca, considerado como el único interlocutor respetado por los llamados aucas (salvajes en quechua), es decir los waorani, había aceptado el encargo de la petrolífera norteamericana Canoco para avisar a los grupos aislados de waorani que debían abandonar sus tierras y dejar paso a la obra y todo el personal que con llevaba. El helicóptero de la petrolífera dejo a Labaca y dos monjas en un claro de selva donde se suponía que contactarían con los waorani. Al cabo de dos días según lo convenido el piloto que venía a recogerlos se encontró con los cadáveres de las tres personas atravesadas por un buen número de lanzas. Se interpretó que el número de lanzas era un buen indicador del número de integrantes de este grupo, conocidos también como pies rojos o tagaeri. Era una prueba de que había sido una acto colectivo.

Obviamente no era esperable encontrar una buena predisposición en los misioneros españoles para facilitarnos el acceso a Yasuní. Lo que no imaginábamos era que el más joven y “progre” nos preguntara de sopetón: Os acordáis de rezar? (?), lo digo porque si os encontráis con los aucas será lo único que tendreis tiempo de hacer.

Desde Lago Agrio que ya empezaba a apestar a petróleo  y con nuestra flamante barcaza negociada con un “hombre de río” seguimos por el río Napo hasta Nuevo Rocafuerte, pequeña localidad con toda la impronta de enclave fronterizo donde ya se mascaba el litigio con Perú.

La oficina del Parque Nacional de Yasuní no desentonaba de las construcciones amazónicas de la población. No recuerdo ni si vimos a nadie para enseñar el comprobante del pago hecho en Quito. De guardaparques, ni rastro.

Bien emocionados entramos hacia Jatún Cocha para acampar y tal vez seguir más adentro . Nos cruzamos con una lancha de vuelta de una “fructífera” caza de lagartos. Eran militares venidos del  interior, lo que había en la lancha mejor olvidarlo. También nos adelantó una embarcación veloz, creímos adivinar al misionero progre y un par de chicos sin duda de buena familia de la capital, entre risas y jueguecitos acuáticos… Otra lancha con chicas extranjeras también se dirigían a la misión …

Nosotros, ya teniendo claro que no veríamos a ningún otro waorani que el cazador derrotado que mendigaba una cerveza en Nuevo Rocafuerte y aguantaba las burlas por sus lóbulos ensanchados, acampamos junto a una laguna. La emoción, la dinámica atropellada de nuestro viaje y sobretodo la imposibilidad de comprar en el pueblo otra cosa que galletas y licor “El jaguar”, supuso que afrontáramos nuestra “expedición” a Yasuní sin más provisiones que la pesca que nos pasaría nuestro barquero y su hijo. Ellos tenían clarísimo que pescaban para ellos. Bueno alguna piraña sí nos pasaron. Hirviendo agua con la piraña grandota tendríamos para cenar y comer… Las lluvias amazónicas acabaron de ponernos a tono. Nuestras carpitas  no impidieron que las mosquiteras algodonosas compradas en unos almacenes de Quito quedaran empapadas, teñidas y absolutamente ineficientes. Pero dormir era lo de menos, por la mañana las principales bajas fueron las cámaras fotográficas, afortunadamente de las primeras compactas del mercado de la época. Y de grabaciones? no fueron apocalípticas, pero si impresionantes desde mi perspectiva personal . Recuerdo el grupo de hoatzines (Opisthocomus hoazin) graznando en las orillas, nos pudimos acercar  lo suficiente como para ver en directo lo que habíamos estudiado en libros y apuntes, los míticos y primitivos hoatzines con sus vestigios de uñas alares! Por cierto volvieron a aparecer el misionero y los chicos guapos disfrutando de su poder en la laguna!

En el “monte” dominaba el silbido de un ave que curiosamente nos era familiar, luego lo identificamos como Lipaugus vociferans , una cotinga, y mucho más tarde descubrimos porqué nos era familiar: era el fondo sonoro de infinidad de películas de guerra y aventuras que se localizaran en selvas. No importaban si se desarrollaban en América, África o Asia.

Tal vez no aprovechamos nuestra visita a Yasuní para completar un inventario de biodiversidad, ni hicimos grandes fotos, ni vimos a los waorani cazar machines (Cebus apella) con sus cerbatanas.

Recordamos eso sí la danza de los bufeos (delfines de río) junto a nuestra barca, la sensación de que a pesar de todo, de los misioneros extraños, de la dura visión en el pueblo de la piel de un jaguar melánico recién muerto y de las comentarios petrolíferos acerca de los proyectos de Canoco, sentimos que estábamos acariciando sin llegar a tocar un último paraíso y que la lucha sería terrible.

De esto hace 25 años. Luego se ha desarrollado el ecoturismo y los wuaorani se desvisten pero para posar junto a los visitantes. Ya no es solo Canoco, Repsol aterrizó hace años en el Oriente ecuatoriano. Hay trabajos y reportajes de la tremenda degradación que ha supuesto estas extracciones. No quiero ni imaginar cómo es ahora el trayecto del Napo hasta la entrada de Yasuní. Parece ser que todavía sobreviven grupos de Tagaeri  y que los trabajadores de las petrolíferas  poco adaptados a la selva todavía les temen. Sobre el proyecto d del gobierno ecuatoriano respecto al futuro de Yasuní ya todo el mundo está informado. Se terminó la comedia. Habrá concesiones petrolíferas, no me importa el porcentaje teórico que supondrá la concesión en la superficie del Parque Nacional.

El presidente Correa proclama haber hecho un uso ejemplar y modélico del ejercicio de soberanía nacional. Venderá Yasuní a las petroleras libremente y sin interferencias imperialistas. Hace un par de años le escribimos como parte de la campaña internacional para salvar Yasuní. Era fácil imaginar que nuestra aportación sería interpretada como una veleidad de gente frívola sobre todo de gente exterior y ajena a los problemas del pueblo ecuatoriano. Recibimos un reglamentario acuse de recibo del Gobierno.

Yasuní es conocido como uno de los lugares de mayor biodiversidad del Planeta, se ha desarrollado un cierto ecoturismo, se han hecho campañas documentando y denunciando los efectos negativos de las petroleras… Seguramente seguirá siendo posible visitar y ver fauna en amplios sectores del Yasuní que dejen, cuesta mucho sin embargo imaginar que los escasos grupos de wuaorani que han luchado solos por mantener su forma de vida durante tantos años puedan seguir moviéndose y cazando libremente por la selva. Se ha dado el salto hacia la destrucción irreversible. Luego vendran las campañas para salvar tal o cual especie…

Agosto 2013

La grabación de Hoatzines fue realizada desde una pequeña embarcación con una parábola de fibra de vidrio de 60 cm de diámetro, micrófono Beyer y grabadora de casete Sony. Un grupo de aves, posadas en árboles a la orilla del río.

Hoatzin
Lloc: Yasuni, Ecuador
Data: Agosto 1988