Monfragüe, el placer de la escucha

11-12-2017
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Monfragüe, más allá de un espectáculo visual... el placer de la escucha

Monfrague, para todos los naturalistas de mi época, era un lugar mítico. En los 70 eran pocos los amigos que lo habían visitado y nos contaron maravillas.  Sin embargo no fue hasta finales de los 80 que visité Monfragüe por primera vez...

Para mí fue un viaje iniciático en muchos sentidos, sobretodo porque yo empezaba  en eso de grabar sonidos de aves y naturaleza, y lo fue también porque descubrí y conocí lugares y paisajes que me fascinaron en una época de grandes transformaciones del territorio que marcarían profundamente la vida y el entorno natural de muchos de estos lugares.

Desde el momento en que Agustín Gallardo de Laruinagrafica, con quién ya había colaborado en alguna ocasión, me propuso escribir este texto comencé a revisar, a escuchar algunas de las muchísimas grabaciones que tengo del entorno de Monfragüe. ¿Cómo convertir en un texto más o menos ordenado tantas y tantas sensaciones que me produjo la escucha? Y sobre todo ¿cómo transmitirlas en palabras?

Tengo recuerdos sonoros maravillosos, que me vienen a la memoria de manera desordenada, a veces imprecisa, otras acompañadas de visiones muy nítidas, como cuando descubrí un nido de golondrina dáurica mientras a mi alrededor todos enfocaban con sus cámaras los buitres; el sonido de las alas de esos buitres tan cercanos sobre nuestras cabezas; con las primeras luces del día, las llamadas del águila imperial alzando el vuelo del nido; el eco del canto del roquero solitario, una silueta recortada en lo alto de la pared de roca o del colirrojo tizón; por fin, otro año, grabé los silbidos de la cigüeña negra en la Portilla, cuando aún no estaba el observatorio; al caer la noche en Torrejón los gritos de la lechuza, los balidos de las ovejas y los ladridos de los perros entremezcladas con los sonidos de la vida en la calle disfrutando de la suave temperatura al anochecer; el vocerío de los numerosos aviones comunes sobre el cielo del pueblo, o entrando y saliendo de los nidos, tan abundantes; cantos y reclamos de pinzones, herrerillos, carboneros, trepadores azules, mirlos, currucas, petirrojos, chochines, agateadores, torcaces, picos, rabilargos, alcaudones y perdices, creando una sinfonía única de ritmos y melodías mediterráneas; el campo alegre con los cantos de abubillas, cucos, totovías, cogujadas, jilgueros, verdecillos, trigueros, gorriones, estorninos negros, milanos… las cigüeñas en lo pinos de la carretera a Plasencia; el paisaje sonoro nocturno de alacranes cebolleros y grillos; la música anfibia de las charcas; mochuelos, autillos, chotacabras, ruiseñores; tauteo de zorros...

Monfragüe es sobre todo un espectáculo visual, lo es por sus paisajes y por las aves que lo pueblan. La espectacular panorámica de dehesas interminables que se extiende desde el castillo, ayuda a comprender la importancia de la zona y el porqué de la presencia de tantas maravillas aladas.

Pero si bien la vista se regala en una visita a Monfragüe, no por ello hemos de olvidar el placer de la escucha. Dejando atrás el problema del ruido que supone el tráfico cada vez mayor que circula por las carreteras que atraviesan el parque, la poca relevancia de otros grandes focos de contaminación acústica, la roca, los arroyos enclavados, la suave orografía y, por supuesto, la fauna mediterránea y luminosa que habita en él ofrecen bellos espectáculos sonoros difíciles de olvidar.

Fragmentos del capítulo Monfragüe, el placer de la escucha, incluidos en el libro Monfragüe Reserva de la Biosfera que coordinó y publicó Laruinagrafica. En los enlaces se puede acceder al artículo y descargar el libro completo con las colaboraciones de figuras como Joaquín Araujo o las ilustraciones de Juan Varela.